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CGT

CANAL DE DIFUSION DE LAS LUCHAS OBRERAS Y LIBERTARIAS

jueves, 12 de enero de 2012

Material Ateo de la AVALL


Lema frontal: "probablemente dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida"
Lema dorsal: "no vengas a rezar a mi escuela y yo no iré a pensar a tu iglesia"
Color blanco, con letras negras y fucsia
PRECIO:
  • Miembros de la Asociación: 8 euros + gastos de envío
  • No miembros: 12 euros + gastos de envío
REGALO: DVD: Ateísmo: una breve historia de la descreencia Con las camisetas te regalamos un DVD con casi 9 horas de vídeo: "ATEISMO: UNA BREVE HISTORIA DE LA DESCREENCIA", donde intervienen Miller, Dawkins, Hitchen, Dennet, Harris, Fiemrrung, Spurlock y Bill Maher.


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miércoles, 4 de enero de 2012

LE CHAT NOIR -EL GATO NEGRO-. UNA CRONICA PARISINA.

imagebam.comEl célebre cabaret parisiense “Le Chat Noir” abrió sus puertas en febrero de 1881 al No 8 del Bulevar Rochechouart, en el local de una antigua oficina del telégrafo acomodada al estilo Luis XIII – mesas y bancos de roble, vidrios de colores, hierro forjado y cobre rojo, las jarras no eran de oro sino de estaño. Mientras los arreglos para la apertura del local que aun no tenía nombre, Salis encontró una mañana un gato negro frente a la puerta, de aquí el nombre del lugar que hizo correr el Paris de la Bohemia y de los hedonistas. Por consecuencia se creó en el mismo tiempo el Montmartre humorista y de la canción satírica, quitándole al Quartier Latín (barrio latín) supremacía y monopolio que remontaban a François Villon.


Su fundador, Rodolphe Salis, había llegado de la provincia con la idea de hacerse famoso con sus pinturas. De brochazos en brochazos sobre lienzos invendibles e invendidos, este pintor fracasado tuvo la idea de abrir un cabaret. En pocas semanas se volvió el anfitrión más popular y temido del todo París. Aristócratas, parranderos, medio-mundanas y tenores de la política llegaban para encanallarse, hacerse tutear e injuriar por Salis.
imagebam.comLos espectadores están por las nubes. ¿No vinieron para oler y rozarse con la raza de los “artistas”? se dice que cuando la sala se volvía demasiado bullosa, Salis se montaba al escenario y gritaba: “¡Chusma, cállate!”. Jean-Paul Lacroix cuenta que cierta noche el Príncipe de Gales mismo quiso conocer ese Gato Negro del cual sus amigos del Maxim’s le habían tanto hablado.
Llegó, rodeado por numeroso séquito… Al verlo, Salis se exclamó: ”¡Ja! Miren este gordo, es clavado al Príncipe de Gales”. Al ver el futuro Eduardo VII sobresaltarse, Salis de seguir: “¡Ja! Su Alteza, cuanto honor… ¿Y su mamá cómo se encuentra?”.


imagebam.comimagebam.comEl menú anunciaba “literatura de primera clase, bebidas de primera calidad”. Antes que todo, obvio, se proponía absenta a la clientela. Los mesoneros estaban vestidos de académicos y el portero, que tenía disfraz de guardia suiza en uniforme de gala con bicornio y bastón con empuñadura de plata, estaba encargado de recibir la mejor clientela, nunca prohibir el paso a pintores y poetas pero “siempre dejar afuera los infamas curas y militares”.En el fondo del cabaret, una discreta puerta lateral llevaba al “Instituto”, oscuro cuchitril utilizado como camerino y “pensador” para los artistas, los cuales muchas veces terminaban sus poemas en ese lugar. Este mismo rincón se transformaba en comedor todas las noches. Si Salis se olvidaba demasiado a menudo pagar sus artistas, por lo menos no se iban el estomago vacío. “Sopa y res” estaba servido por la mano del anfitrión mismo.
La población autóctona del Bulevar Rochechouart – entiéndase los chulos del barrio – cansados de ver la clientela encopetada invadir su territorio todas las noches, organizó una expedición punitiva. En medio de la pelea, Salis fue acuchillado varias veces y uno de los mesoneros murió. Ante tales argumentos Salis decidió emigrar rápidamente hacía lares más acogedores.
Entonces Le Chat Noir instaló su bulla y risa en una pequeña casa burguesa, No 12 de la calle Laval (hoy en días calle Victor Massé). La mudanza estuvo a la imagen de su dueño: excesiva. En medio de la noche el ruido de una comparsa estalló en el bulevar y un cortejo disfrazado, antorcha en mano, circuló desde el antiguo lugar hasta el nuevo. Salis, con traje bordado y pantalón corto, alzaba una espada. Más de una decena de carretas con todo el mobiliario cerraban el desfile. “¡Alto!” gritó el alto barbudo cuando llegaron calle Laval. Rompió su espada sobre las escaleras y se abalanzó casa adentro. Dicen que el siguiente alba se levantó sobre un campo de batalla cubierto de botellas vacías, académicos y mosqueteros, fraternalmente tendidos y enlazados, roncaban como ángeles…

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La decoración del nuevo Chat Noir tomó un aspecto seudo-histórico bajo los auspicios de Caran d’Ache y Henri Rivière, dos dibujantes que se volverían famosos años más tarde. Siendo un local más grande, las salas estaban separadas. Un joven barbudo tocaba el piano. Nadie sabía que su nombre era Claude Debussy. Poco tiempo después Eric Satie lo ayudaría y reemplazaría; bombín encima de la calvicie, chiva y quevedos – el aspecto de un anciano precoz y pícaro. Vestido con una elegancia meticulosa, de un impecable aseado. Después de su muerte sus amigos, después de forzar la puerta de su microscópica vivienda, tropezaron con miles de cartas y enlatados abiertos que apestaban. Una capa de polvo envejecida por varios años cubría todo. Eric Satie acompañaba con el piano a la cantante Yvette Guilbert, tantas veces retratada por Toulouse Lautrec.
Por su labia y su personalidad fuera de lo común Salis sabía rodearse de jóvenes talentos: círculos literarios, pintores, cantautores, humoristas, poetas establecieron allí sus lugares de encuentros. Le Chat Noir encarnó el espíritu “fin de siglo” y sus múltiples facetas: naturalismo, simbolismo, neo-misticismo, todo eso mezclado con una punta de ironía, embuste y burla.

Martine